martes, 31 de marzo de 2026

Semana Santa en el Corazón de Santa Cruz

 La Semana Santa en Santa Cruz de la Sierra es una de las muestras más profundas de fe y tradición del oriente boliviano. El epicentro de esta devoción es la Basílica Menor de San Lorenzo (Catedral Metropolitana), donde miles de fieles se congregan para revivir el misterio pascual.


Las celebraciones suelen iniciar con una representación teatral de la Pasión en el atrio de la Catedral, seguida por la tradicional bendición de palmas el Domingo de Ramos. Uno de los momentos más solemnes es la Misa Crismal del Martes Santo, donde el clero cruceño renueva sus promesas y se bendicen los santos óleos.

El Jueves Santo destaca por el emotivo Lavatorio de los Pies y la adoración al Santísimo. Sin embargo, el momento cumbre ocurre el Viernes Santo con la Procesión del Santo Sepulcro. En un ambiente de respetuoso silencio, la imagen de Cristo recorre las calles del centro histórico, acompañada por una multitud que porta velas, simbolizando el duelo de la ciudad antes de la alegría de la Resurrección.




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lunes, 21 de marzo de 2022

La Iglesia San Roque

 Esta iglesia fue fundada entre los años 1860 y 1892 por los religiosos Carlos Cadario y David Cronenbold. El templo, ubicado entre las calles Monseñor Salvatierra y Velasco, tiene un estilo misional, fue levantado en base a madera y con paredes de adobe que fueron cubiertas por un tejado a dos aguas en base a tejas de barro. Por los costados exteriores corren amplios corredores con columnas de madera. Su piso originalmente fue revestido con bovedillas de ladrillo cocido.






Actualmente es el único templo con estructura de madera que se ha conservado en la ciudad de Santa Cruz. Por su excelente acústica provista por su estructura de madera, a partir del año 2000, se convirtió en una de las sedes del Festival Internacional de Música Barroca y Renacentista Americana.


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lunes, 28 de septiembre de 2020

EL CRISTO REDENTOR DE SANTA CRUZ

 El Cristo Redentor, ubicado al norte de la ciudad en la intersección  del segundo anillo y avenida Monseñor Santisteban, se constituye en el mayor símbolo de la religiosidad y de la unión de los cruceños.

El imponente monumento que  representa a Cristo con los brazos abiertos. es obra del escultor cochabambino Emilio Lujan. 

Originalmente el monumento fue esculpido en bronce.  Su apariencia actual se debe al recubrimiento de cemento al realizado durante su restauración. 




Fue fundado en conmemoración del IV Congreso Eucarístico Nacional el año de 1961, como una muestra  de religiosidad   de los cruceños. Los fondos para su construcción fueron recaudados por la Asociación de Damas Cruceñas residentes en la ciudad de La Paz.




El Cristo Redentor,  fue declarado el año 2013 Patrimonio Cultural y Material del Estado Boliviano.

A lo largo de los años el Cristo Redentor ha sido un silencioso espectador  de los grandes movimientos cívicos que se han gestado en Santa Cruz, muchos de los cuales tuvieron importantes repercusiones políticas en nuestro país, tal es el caso del Cabildo del Millón, el Cabildo del 21F, Reclamo por los incendios en la Chiquitania el año 2019 y muchos otros. 



Ha sido también escenario de grandes concentraciones religiosas, donde ilustres visitantes dirigieron su palabra al noble pueblo cruceño. El mas destacado en los últimos años ha sido sin duda la visita del actual Papa Francisco, ocurrida en Julio del año 2015.




                                                                 

           

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martes, 14 de febrero de 2017

El Carnaval en Santa Cruz


El Carnaval es  posiblemente, la fiesta pagana que más personas celebran y disfrutan en todo el planeta. Son 3 días de baile, disfraces y mucha diversión que tienen lugar inmediatamente antes del inicio de la cuaresma cristiana.

El origen de la palabra "Carnaval" o "Carnavale" deriva de la expresión latina "carnem levare", que significaba, quitar o suprimir  la carne, lo  cual justamente era la prescripción obligatoria de la Iglesia Católica para todo el pueblo durante todos los viernes de la Cuaresma.

Para el cristiano de la época medieval, el Carnaval era la representación del paganismo: el pueblo se ocultaba bajo máscaras y disfraces, se celebraban desfiles, bailes y comilonas, ardían las hogueras y se sacrificaban animales para atraer la fortuna, todo ello previo al inicio de la cuaresma.


La celebracion del Carnaval fue traida  a América por los navegantes españoles y portugueses a fines del siglo XV.

En nuestro medio existen  muchas variantes para la celebración de esta fiesta. Por ejemplo en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, la fiesta  de Carnaval se inicia  con un gran desfile conocido como "El Corso" en el que participan casi todos los grupos carnavaleros de la ciudad.  Durante este desfile,  los diferentes grupos caranaveleros conocidos como "comparsas", vestidos con casacas multicolores,   bebiendo bailando y al son de la musica , acompañan a sus respectivas reinas durante el recorrido. Estas a su vez  bailan  y saludan al publico desde lo alto de  bellos carros alegóricos especialmente preparados para esta celebración. 



Durante los tres días de Carnaval especialmente en horas de la tarde,  niños, jóvenes y adultos toman las calles y avenidas de los barrios, especialmente del centro de la ciudad para jugar con agua, pringarse con betún y tintas de colores. Por su parte  las "comparsas" al son de sus  bandas de música se desplazan por las diferentes calles del la ciudad, bailando y bebiendo hasta altas horas de la noche.



En las provincias de Santa Cruz el carnaval se celebra también con gran derroche de alegría.   Las comparsas también coronan a sus respectivas reinas y todos saltan uniformados con casacas o batas al son de las bandas y tamboritas en su respectivo corso de carnaval. En algunas localidades próximas a la ciudad tal como CotocaPorongo y muchas otras, todavía es posible ver carretones decorados con hojas de palmera  y a la reina del Carnaval del pueblo, vestida con un  vistoso  tipoy  saludando y mandando besos al público que acude a la plaza principal  del pueblo a ver el desfile de carrozas, reinas y comparseros.  




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lunes, 13 de febrero de 2017

La historia de la Catedral de Santa Cruz de la Sierra




La Basilica de San Lorenzo mas conocida como "La Catedral",  ubicada frente a la Plaza Principal 24 de Septiembre, es el principal edificio y monumento religioso de la ciudad. Su gran fachada neo-clasica de ladrillo visto, con algunos resabios del barroco, sus tres naves y su transepto constituyen un verdadero emblema de la fe religiosa eminentemente católica, de la población urbana de Santa Cruz de La Sierra.





Se calcula que este templo religioso, ha tenido varias fases de edificación, siendo que la primera de ellas ocurrió el 1586 ocupando el solar del antiguo fuerte de San Bartolomé, ya en 1770 el Obispo Ramón de Herboso lo mandó reconstruir. Luego en la época del Mariscal Andres de Santa Cruz (1838) , el viejo templo fue demolido y bajo las ordenes del arquitecto francés Felipe Bestés, se procedió con la construcción de una nueva edificación de estilo ecléctico.


Finalmente en una ultima fase de construcción bajo la dirección italiano Victor Querezada, el año 1915 se concluyó la obra.

Es posible conocer un poco mas de la historia de este lugar religioso visitando el Museo Catedralicio que se encuentra ubicado en los ambientes que antiguamente constituyeron la sacristía y las sala de reunión de los canónigos.


lunes, 30 de enero de 2017

La historia de la Plaza Principal de Santa Cruz



Vista de la Glorieta construida al centro de la Plaza Principal
"La Plaza Principal" o "Plaza 24 de Septiembre". Nuestra antigua Plaza Mayor, Plaza Real o Plaza de Armas, era un simple campo verde. En 1621 toma el nombre de "Plaza de la Concordia" en honor a la unión de las ciudades de San Lorenzo el Real y Santa Cruz de la Sierra.

A mediados del 1880 el frances Carlos de Charlot por encargo del gobierno, convierte este campo verde en un parque con jardines, enladrilla las 4 aceras radiales, construye un murete periferico de ladrillo y una glorieta al centro, donde los fines de semana se podían escuchar las clásicas retretas musicales.



Vista del murete periferico que rodeaba la Plaza Principal


 El año 1910 el lugar toma el nombre definitivo de "Plaza 24 de Septiembre", se demuele el murete, los arcos de las esquinas y la glorieta y en su lugar se instala la estatua del patriota Ignacio Warnes. 


Vista de la Plaza Principal a comienzos del siglo 20


Ya en 2004 se realiza una importante renovación y remodelación, al cerrar dos calles integrándola  de esta manera a la Catedral y al espacio conocido como Manzana Uno.






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martes, 24 de enero de 2017

El loco Bazán

Don Justo Román Bazán Simones mas conocido como "El Loco Bazán"  fue un querido personaje cruceño del pasado. Un hombre muy peculiar que en su juventud fue un guapo e inteligente abogado y escritor. 

Se dice que este personaje cayó en la locura debido a la bromas que le jugaron sus hermanos. Resulta que Bazán estaba perdidamente enamorado de una jovencita de la alta sociedad que vivía frente a la PLAZA PRINCIPAL, cosa que aprovecharon sus hermanos para jugarle bromas. Haciendose pasar por la jovencita, uno de los hermanos de Justo Bazan, vistiendo la ropa de su hermana, saludaba y hacia señas a la distancia a Justo, sin embargo cuando este se paraba frente al balcón de la verdadera dueña de sus ensueños, esta ni siquiera lo miraba. Estos cambios repentinos en el comportamiento de su amada que unas veces le sonreía y le hacia señas aunque fuera a la distancia y otras veces ni siquiera lo miraba, fue lo que trastorno por completo al enamorado jovenzuelo.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

La marcación del Ganado


Año tras año, en las estancias, se hacia la marcación del terneraje que por razones de tamaño y edad dejaba de ser ternero (ganado menor), para llamarse ganado mayor y ser contado por cabeza. Este rodeo anual se lo realizaba en cuanto el propietario lo estimaba conveniente, a cuyo efecto señalaba con anticipación el día, cuidando de no disponerlo para un lunes ni para un martes, por respeto al dicho sentencioso que dice: “Lunes y martes no te cases ni te embarques”.

Días antes de la marcación, en cuyo rodeo y encierro se aprovechaba de hacer el recuento, el mayordomo y los vaqueros se ponían en activo movimiento, alistando aperos, riendas, cinchas, arciones y correas, y  ensebando correones, lazos y maneas. Revisando corrales y apartaderos, para cerciorarse  del buen estado de las tranqueras, tranquereros, estacones  y lienzos. Era necesario comprobar si los corrales  tenían la fijeza necesaria para contener el ganado y luego para encerrarlo y detenerlo.

Estando todavía obscuro, el día señalado para la marcación, los jinetes partían al campo  en distintas direcciones a rodear y arrear el ganado hacia los corrales. Toros indómitos, ariscos y bravíos que  el rato menos pensado daban vuelta y se alejaban en veloz carrera al comedero (sitio de campo donde acostumbran pacer). El vaquero más próximo emprendía la persecución, a tal velocidad que a ratos parecía no asentar en el suelo. Le daba alcance, le tomaba la delantera y a punta de rebenque, ajos y cebollas – siempre a la carrera - lo obligaba nuevamente a entroparse.

Ni bien terminaba de entrar al corral la última cabeza, los peones se entregaban a la peligrosa tarea  del aparte de mostrencos y orejones; labor que ejecutaban de a caballo, por  tratarse de un ganado arisco y bravío, difícil de manejar. Entre tanto, otros vaqueros, prácticos en el manejo de ganado, de a pie iban enlazando, maneando, frunciendo y marcando a fuego a los briosos animales.


Extraido del libro: Escarbando el Pasado, de Aquino Ibañez.

martes, 22 de noviembre de 2016

Las carreras de Caballos


Antiguamente las carreras de caballo se hacían sobre caminos paralelos, en un recorrido reglamentario  de una cuadra o cuadra y media.

A los caballos que intervenían en las carreras se los llamaba cuadreros y a los jinetes peones.
En los cotejos y desafíos  para concertar, se ofrecían ventajas como estas: "le doy la rompida al moro  con el bayo", "le doy dos cuerpos de ventaja al tordillo con el guatoco", etc.

Concertada la carrera, los peones hacían pasear de tiro a sus caballos por sus respectivos caminos, hasta el sitio de la largada. Allí montaban y después de dos o tres quebrantadas para igualar la rompida, salían.

El público, que se hallaba congregado en la guasca, gritaba: "Se vinieron", "sin simbrón el oscuro", etc. Al llegar a la guasca, se escuchaban exclamaciones como estas: "Gano el oscuro", "Gano el tordillo con la tabla del pescuezo", etc.

Las apuestas eran elevadas. había pasión por las carreras. La gente acudía a ellas desde los lugares más distantes. Siempre aparecía un caballo de tapada (animal no conocido entre los cuadreros de fama).

Las carreras se sucedían una tras otras, aparte de las pactadas con anterioridad con sumas realmente astronómicas  que se corrían de primero.


Los gananciosos pagaban la banda y se iban a bailar al pueblo donde bebían y reían sin descanso.

Extractado del libro: "Escarbando el Pasado" de Aquino Ibañez.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

El intercambio comercial con los valles en el siglo pasado


Antiguamente, cuando no había carretera ni tránsito de vehículos motorizados, existía sin embargo un intenso intercambio comercial entre santa Cruz, Samaipata, Pampa Grande, Mairana, Valle Grande, Comarapa y demás poblaciones de esa hermosa y rica zona templada departamento cruceño. Intercambio que se realizaba  por tortuosos caminos de herradura, mediante recuas de mulas y burros, que venían cargados con papas, papalizas, harina colla, trigo en grano pelado, manzanas, duraznos, membrillos, sal en molde, tabaco maceado, sobrepelos, ponchos de pullo, etc. Y que llevaban de retorno arroz pelado, azúcar blanca en terrón, empanizado, alfeñique, urucú, tutumas, etc.

La gente que viajaba lo hacía fletando uno de estos animales, sobre el cual cabalgaba  sometido al itinerario del dueño de la recua.


Durante la jornada al despuntar el sol, el dueño de la recua, a su vez arreador de la misma, colocaba los aparejos sobre los lomos de las bestias, mientras que su ayudante  preparaba la comida. Después de comer emprendían la marcha –sin parar- hasta las cuatro o cinco de la tarde, hora en que paraban para descansar y volver a comer del sobrante de la comida y luego dormir hasta el día siguiente. A los animales se  los amarraba para el pernocte.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Acerca del cuidado de las señoritas en el pasado



En el pasado el cuidado de las madres con las hijas era riguroso. En el Santa Cruz de antaño marido y mujer acompañaban a las hijas solamente a los grandes bailes sociales que se realizaban en “casas de familia”. En el salón de baile las madres se sentaban al lado de las hijas, en las sillas acomodadas en rededor de la sala. Los jóvenes  se sentaban en las piezas contiguas, en el interior del corredor o en el  patio. Estos solo tenían oportunidad de conversar con las damas, mientras bailaban alguna pieza musical, previo consentimiento de la madre. Algo más, las madres no permitían que las hijas bailaran dos piezas seguidas con una misma persona, a no ser que fuera novio oficial.

Por aquellos tiempos hubiera sido también un escándalo encontrar andando sola – por la calle – a una señorita de 25 años, y mucho peor acompañada de su enamorado.


Esos cuidados extremos de las madres se justificaban en aquellas épocas, por la falta de cultura existente y por el “peligro”  latente que significaba dejar sola a una criatura en manos de un “bruto”. 

jueves, 10 de noviembre de 2016

El carretón de bueyes

El carretón era  el vehículo tradicional cruceño en la antiguiedad. En aquellos tiempos los comerciantes transportaban sus cargas desde y hacia  localidades  vecinas tales  como Cotoca, Portachuelo, Porongo  y otras,  en  carretones de dos, tres y cuatro yuntas; los agricultores por su parte transportaban su producción hasta la ciudad en sus propios carretones y en ellos también llevaban de paseo a sus familias.

El carretón estaba compuesto de dos ruedas de igual tamaño, generalmente labradas en una sola pieza. La rueda a su vez, estaba compuesta por la masa y la tabla de la rueda. En la masa estaba el agujero del eje. Las ruedas eran sostenidas por el eje que era un palo de mediano grosor, con dos agujeros en las puntas, donde se colocan las estaquillas, que impedían  que estas se caigan.

Encima del eje estaba  la cama del carretón, compuesta del timón, cinco teleras y diez estacas (cinco a cada lado). las dos estacas situadas atrás de eje, se llamaban MATA BUEY  y eran las más grandes.

Las teleras servían  para entrelazar el timón con los limones y dar fijeza a la cama. Sobre ellas se colocan astillas de palma para rellenar los astersticios y evitar que se caigan las cosas.


Para entoldar el carretón se colocaban cuatro bejucos gruesos, encorvados, amarrados de las puntas en estacas opuestas. Sobre los bejucos se atravesaban JICHIQUICES- a manera de ripa -atadas en los bejucos. Y sobre esta armazón se colocaban los cueros secos, que servían  de techo y también de piso. Cuando iban pasajeros, se colocaba  una estera al piso.

En los carretones de una yunta,  el buey que estaba al lado izquierdo se lo  llamaba  JI , y USA el de la derecha. El JI era  un buey completamente manso, y servia  para guiar al ganado arisco y bravío; En las pascanas se maneaba al JI de cada yunta, con un correón de una brazada de largo. Esto tenía por objeto que los bueyes no se alejaran mucho.

El carretero manejaba un chicote simbado, de dos o tres metros, con su cabo de palo delgado y largo.

En uno de los MATA BUEY se colgaba el asta (cuerno) que contenía el jabón derretido, con el que se pringaba al eje para evitar que rechine.





lunes, 7 de noviembre de 2016

El juego de la Sortija




En el aniversario de algunas de las calles del Santa Cruz de antaño y en las fiestas patronales de los pueblitos y rancheríos vecinos, era costumbre incluir en el programa de festejos el juego de la sortija, que consistía en colgar de una cuerda que atravesaba la calle, un disco de lata con su agujero al centro, con una agarradera – también de lata -  que montaba en la cuerda y agarraba con cera el disco (la sortija).
 Los jinetes, montados sobre briosos caballos de hermosa estampa, y provistos de un lápiz, tenían que ensartar la sortija a la carrera. Quien acertaba al orificio y sacaba consigo la sortija, era premiado con un ramito de flores con un rosón de cinta de vistosos colores, que le era prendido en el brazo por una de las damitas.
Las bellas muchachas, reunidas en número considerable, constituían el centro de atracción de los mancebos y público en general. Al anochecer, muchos de los jugadores tenían los brazos repletos de premios, que los iban prendiendo en el pecho de sus cortejas o muchachuelas de su mayor predilección.
Hombres y mujeres lucían sus mejores prendas y ocupaban planos sobresalientes en la fiesta de la tarde.

Los caballos, gordos y relumbrantes, daban muestras de desasosiego y rebosante energía: Escarbaban el suelo con sus remos delanteros, se paraban en dos patas, relinchaban y hacían mil piruetas con los dueños encima, que parecían como nacidos en sus elegantes monturas. No era raro ver ensillados enchapados con plata, cabezadas y riendas finalmente simbadas, con argollas del mismo precioso metal y demás accesorios  hípicos usados por aquellos tiempos.

Extraido del libro: Leyendas y tradiciones cruceñas del Dr. Aure Teran B.


jueves, 3 de noviembre de 2016

El Trapichi


EL TRAPICHI de la molienda de antaño era de palo. Se componía de tres piezas cilíndricas con sus respectivas espigas. Siendo la pieza del centro la de mayor volumen, a la que llamaban el macho; y a las de los costados, que eran iguales, las denominaban hembras. El macho y las hembras tenían la parte superior dentada, de manera que engranaban entre sí.

En la espiga de la parte superior del macho se ensartaba el espequi (madera larga y encorvada) en uno de cuyos extremos se ponía peso y en el otro se aseguraban los arneses para el tiro de las yeguas.
Debajo de los machos y las hembras se colocaban las teleras, para evitar que el caldo de la caña de azúcar cayera al suelo y que escurriera más bien a los canales, los que a su vez largaban el caldo a la gaveta. La gaveta tenía una marca hasta donde debería llenarse, que era la medida justa para la paila.

El TRAPICHI contaba también con dos horquillas: una que servía de apoyo a las cañas que se metían por la hembra esprimidora y la otra donde se revolvía el bagazo por la hembra bagacera.

El TRAPICHI  completo se hallaba fijo a un estante de madera cuchi, enterrado a una vara de profundidad, debidamente apisonado.

El personal de moledores lo componía tres muchachones: el metedor de caña, el revolvedor del bagazo y el arreador de los animales, quien a su vez botaba el bagazo a un sitio retirado, libre de peligro, donde días después se le prendía fuego.

A los moledores que les tocaba trabajar en la noche se les llamaba cuarteros. Correspondiendo al primer cuarto, el tiempo de molienda comprendido desde las seis de la tarde y las doce de la noche; y al segundo cuarto, el trabajo realizado desde la media noche hasta las seis de la mañana. O sea que, en el transcurso de la noche hasta el amanecer, se sacaba dos pailadas de jugo de caña.
Los trabajadores y sus familias consumían caldo a discreción, igualmente los vecinos. No se mezquinaba a nadie.


Los moledores paraban barcinos, sucios desde los pies hasta la coronilla, debido al serebó del bagazo, al caldo que les regaba del TRAPICHI y a la suciedad de las cascaras de las propias cañas. Por eso las madres de antaño, cuando veían a sus hijas con los GARRONES sucios, les decían: “Caminen a bañarse, ya parecen unas molienderas”.

viernes, 28 de octubre de 2016

El Buri Camba

Esta es  la verdadera y más conocida fiesta camba. Tenía lugar para celebrar un cumpleaños, un aniversario de bodas o un simplemente alegrar el  fin de semana o cuando a alguien se le antojaba divertirse con amigos cualquier noche de luna.
Se juntaban parejas para el baile cogidos de la mano. Rara vez desprendidos o en círculo. La música era siempre un taquirari, una chobena o un carnavalito. Y era con la banda compuesta por varios músicos.



Más antes y mejor era con la tamborita integrada por un bombo, una caja con sus palitos y dos flautas. Algunas ocasiones tenía caracachá, platillo y guitarra o violín. No faltaba alguien con su hoja de naranjo que le daba ritmo agudo especial.

  Corrían tragos como guariflé, culipi, leche de tigre, cóctel de cualquier fruta o sucumbé cuando hacia frio. Chicha cruceña para algunas damas, porque las mayores le echaban al trago pitando su charuto.
El baile se hacía bajo techo en galpones cuando llovía, pero la mayor parte era en los patios al aire libre. Sobre suelo enladrillado cuando era en casa de los patrones, pero en viviendas de los peones era sobre la pura tierra dura, pero bien basureada con escoba de totai, luz salía de las llamas o mechas de kerosene o petróleo, o la luna.
Las “peladas” o “chotas” vestían de tipoi de varios colores, sandalias, cabellos con moños o trenzado, algunas con cabelleras largas que le caían hasta las nalgas. Los “puguillas” con camisa blanca, pantalón blanco, remendados casi siempre, con telas que servían de machones con varios colores, pero limpitos. Abarca de cueros y plantillas de goma gruesa. Algunos con alpargatas. Raros tenían zapatos, porque eran caros y le sacaban ampollas.

Las abuelas, madres o tías que acompañaban a las muchachas iban de mantón las más viejitas, pero las menos, también le echaban al baile dando ejemplo con sus caderas movedizas y como subiendo gradas “pa mí; pa´voj” Otras las controlaban desde fuera de las tranqueras o el cerco de cuguchi.
Algunos que no eran invitados, jóvenes aguilillos, votaban sus “cachuchas” a medio patio, para ingresar a recogerlas y … se quedaban.
No se cobraba cuotas, todos aportaban. Cuando el patrón pagaba era con todo. Y cuando eran los peones ponían carne, alcohol o música, pero de todos modos se hacía, hasta que las “velas no ardan”.
Mientras se bailaba, otros contaban chistes y cuentos y se escuchaban las risotadas como si tuvieran los bolsillos llenos de plata y al fondo del patio ardían las brasas para largar el churrasco con tripas, carne gorda, chuchulises, riñones y corazón. Las yucas y los plátanos maduros eran asados en el rescoldo con cascaras. Y cuando se sancochaba, la mandioca salía blanca y brillante como para comerla por los ojos.
Cuando era completo el Burí, más allá estaba el Horno de barro y paja, con dos guatias adentro y su balde con agua; calafateao para que el vapor le sirva en la cocción que duraba 8 a 10 horas. O bien estaba hirviendo la “patasca” de maíz, cabeza, carne de pecho, ojos y lengua. Ambas eran para el día siguiente después de la ambrosia.



En horas de la madrugada, se escuchaba a veces un gran ruido por el correr de los caballos que despertaba a las ancianas cuidantes y era un mozuelo que se “robaba” una pelada de 14 años, en las ancas de un alazán brioso que corría “pal monte”. Era cuando los futuros suegros no aceptaban la unión de los muchachos, que llegaban hasta el matrimonio cuando aparecía el cura.
Al día siguiente, los más sedientos o tomadores, amanecían tirados sobre los bancos de madera, troncos o tocos que servían de asientos y de cama. A duras penas se acercaban para ir al potrero cercano y echarle a la ambrosia, que era leche directa de la vaca con alcohol, azúcar “baya” y canela.
Cuando no había patasca o guatia, se comía un locro carretero, blanco de charque del monte con yuca entremedio. O bien “pacumutos” de urina, jochi pintao, ardillas y hasta víboras.
“Panza llena, corazón contento”, luego venia el sueño largo y pesao, para recuperar fuerzas que se necesitan para las labores normales del siguiente día.
Ese era el auténtico burí camba.  En las provincias todavía se lo hace como era antes…

Extractado del libro “ Leyendas y Tradiciones cruceñas” del Dr. Aure Terán Bazán


                            
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lunes, 24 de octubre de 2016

El Mojón con Cara

En ahora la esquina de la calle Rene Moreno y Republiquetas a pocas cuadras de la Plaza Principal, había una quinta que no pasaba de la hectárea, una casita techo de motacú, paredes de adobe y patio con algunas plantas de naranjo, plátano y cinini. Allí vivían una pelada hermosa que estaba en sus 16 años, lista para iniciar los amores, con dos padres, viejos y ambiciosos. Habían acordado entregar a su hija a un viejo rico que era viudo a cambio de una buena dote como si fuera en venta.




Pero un día de esos que no estaban los padres, pasaba un buen mozo tirando su caballo como llegando del campo, y se paró en la media puerta de esa casa, y le pidió agua para saciar la sed suya y de su animal.

Salió la muchacha despampanante de belleza natural y con toda amabilidad le alcanzó primero una tutuma con agua fría de lluvia y luego un balde para el caballo.

Saciado el adolescente le agradeció tanta gentileza, la felicitó por su hermosura y le preguntó si podía visitarla para conversar de la vida. Ella le comunicó que sus padres no le permitirían, pero que podía esperarla a al atardecer  en la esquina de la propiedad donde había un mojón que serviría para detener la tirantez del alambrado que cercaba la quinta.

Un día de esos los dos viejos pillan a la niña con el chico del mojón, y enojadísimos, le dan una “arrobita” que le rayan y le sangran las nalgas. Temerosos de que ocurra algo más serios con el pobre desgraciado, cunumi  desconocido, pobre y sin futuro para la hija, le prohíben la salida y especialmente en el horario de esa romántica visita.


El muchacho persistía y todas las tardes estaba junto al mojón, acompañado de su soledad y las noche; como no tenía mucho que hacer, triste y abandonado, con su cuchillo empezó a fabricar una cara en el Mojón que era más o menos 30 cm. de diámetro por 160 de altura, sobre su grueso pie firme que soportaba el flujo y reflujo de los toros que trataban de entrar a la propiedad, rompiendo los cercos con sus cornudas antenas.


Un sábado de esos, los viejos se fueron presurosos a pactar el trato con el ricachón que habían escogido para yerno. Vivía en una buena hacienda por la Poza de las Antas, con cientos de vacas, casa elegante, caballos, puercos y gallinas que podían servir para mantener a los suegros sin trabajar y con perspectivas de futura buena herencia.

Aprovechó  la pelada para abrir la puerta del cuarto donde estaba encerrada y cabalingo a las seis de la tarde, se juntó con su gran amor en la esquina de siempre. Le contó su tragedia y sin hacer mayores propuestas el muchacho la montó en las ancas de su “bayo” y voló como el viento para nuca más aparecer.

Volvieron los padres y pensando que la ya “vendida” estaba en su  cuarto cerrado con bejucos, no la molestaron. Al día siguiente abren la pieza y sufren como mujer pariendo, por no haber podido hallar a la hija de sus fortunas. Van a la esquina donde la habían sorprendido, y solo encontraron el Mojón pero con Cara escultural que había labrado el desconocido artista.
Quedaron solamente con la resignación y el remordimiento que les obligaron a trabajar para subsistir sin la ayuda de la sirvienta que tenían como cocinera en la casa.
Recopilado del libro: Leyendas y tradiciones Cruceñas, del Dr. Aure Teran Bazan.